Ofelia perdió el color del rostro.
—Ese video está editado.
—Entonces no tendrán problema en entregarlo a un perito —contestó Claudia.
Rodrigo miró a su hermana.
—¿Dónde está el relicario?
—La clienta nunca lo entregó.
En la pantalla, Patricia abrió el estuche y guardó la pieza en su bolso.
Rodrigo cerró los puños.
—¿Dónde está?
Ofelia se interpuso.
—No interrogarás a tu hermana en mi casa.
Sonó el timbre.
Claudia se puso de pie.
—Nosotros no somos quienes vienen a interrogarla.
En la puerta estaban Verónica Luján, la propietaria del vestido, y un abogado que había recibido copia de las pruebas. Verónica llevaba una funda blanca entre los brazos.
Colocó el vestido sobre la mesa. Una quemadura atravesaba el encaje del pecho.
—Mi madre cosió este vestido hace 29 años —dijo—. Patricia prometió restaurarlo y colocar dentro el relicario de mi abuela. Después desapareció.