—A mí me quitó el útero. A ti pretende quitarte a tu hijo. No porque nos ame, sino porque necesita herederos que pueda controlar.
Lorena comenzó a llorar.
—Hay algo peor.
En la memoria aparecía una carpeta identificada con las iniciales M.S. Contenía una constancia de nacimiento, fotografías tomadas desde lejos y reportes médicos de un niño de 4 años llamado Mateo.
Renata reconoció la fecha de nacimiento.
Era el día en que había dado a luz a su primer hijo.
Después de aquel parto, permaneció sedada durante casi 2 días. Adrián le informó que el bebé había sufrido una falla respiratoria y murió antes de que ella pudiera cargarlo. No hubo funeral. Él aseguró que, por recomendación médica, el cuerpo había sido cremado de inmediato. Meses después le entregó una urna que Renata había conservado en el oratorio de su casa.