—Yo le creí —admitió—. Pensé que eras una mujer obsesionada con su apellido.
—Me viste perder un embarazo y aun así estuviste a su lado.
—Sí. No tengo cómo justificarlo.
Elisa conectó la memoria a una computadora aislada. Había contratos, fotografías de documentos y mensajes entre Adrián, el director del hospital y un administrador de Casa Horizonte.
Uno de los archivos revelaba que Adrián era estéril desde los 24 años debido a una infección mal atendida. El bebé de Lorena había sido concebido mediante un donante anónimo en una clínica de fertilidad de Monterrey.
—Me prometió que lo reconocería como suyo y que nos casaríamos después del divorcio —explicó Lorena—. Ayer encontré un convenio de custodia preparado a mis espaldas. Piensa declararme inestable, quitarme al niño y enviarme fuera del país con dinero.
Renata la observó sin compasión.