—¿Por qué haría algo así? —preguntó ella, apenas audible.
Elisa abrió otro documento.
—Porque tu madre dejó una cláusula en el fideicomiso. Si tenías un descendiente reconocido, la administración de tus acciones debía quedar bajo un consejo independiente hasta que el niño alcanzara la mayoría de edad. Adrián no podía controlar la empresa si Mateo aparecía legalmente.
Renata recordó que su madre siempre había desconfiado de él. Poco antes de morir, le había pedido que revisara personalmente los papeles de la compañía. Adrián evitó que lo hiciera, alegando que Renata estaba demasiado afectada por el duelo.
El plan comenzaba a tomar forma.
Adrián había ocultado al primer hijo para impedir que se activara el fideicomiso. Luego había falsificado transferencias accionarias para apropiarse del 52 % heredado por Renata. Cuando ella volvió a embarazarse, temió que naciera otro hijo capaz de provocar una auditoría patrimonial.