—En el lugar más grande de la sala.
La recuperación no fue rápida. Renata todavía despertaba algunas noches sintiendo el olor del hospital. La cicatriz le dolía cuando cambiaba el clima y había preguntas sobre la hija que perdió que ningún juicio podía responder.
Mateo también tenía días difíciles. A veces escondía una mochila bajo la cama por si alguien regresaba por él. Otras veces se enfurecía cuando Renata salía sin avisar.
Pero aprendieron a hablar antes de que el miedo se convirtiera en silencio.
Celebraron su cumpleaños 5 con una fiesta pequeña en Valle de Bravo. Renata reparó la casa de su madre y convirtió el antiguo despacho en una biblioteca. Conservó el compartimento secreto detrás del muro, pero lo dejó abierto.
—¿Por qué no lo cierras? —preguntó Mateo.
—Porque en esta familia ya no se esconden las cosas importantes.