Él colocó dentro su tren de madera y una fotografía de ambos.
—Entonces esto tampoco será secreto.
Años después, cuando alguien preguntaba a Renata si lamentaba no haber descubierto antes la verdad, ella respondía que el arrepentimiento no devolvía el tiempo. Lo único que podía hacer era impedir que el pasado siguiera robándoles el presente.
Adrián había intentado dejarla sin hijos, sin herencia y sin voz.
No consiguió ninguna de las 3 cosas.
La última noche antes de mudarse definitivamente a Valle de Bravo, Renata entró en la habitación de Mateo. La silla ya no bloqueaba la puerta. El niño dormía con los brazos extendidos y la mochila guardada en el clóset.
Sobre su mesa estaba el dibujo de los 2 frente a la casa.
Renata apagó la luz y comenzó a salir.
—Mamá —murmuró Mateo medio dormido.
Ella se detuvo.