Mateo no asistió a la ceremonia. Tenía una presentación escolar y había pedido que Renata estuviera en primera fila.
Ella llegó 40 minutos antes.
El niño apareció en el escenario vestido como maquinista, empujando un tren de madera parecido al que armaba el día en que casi lo encontraron en Casa Horizonte. Al verla entre el público, sonrió y levantó una mano.
Después de la función corrió hacia ella.
—Pensé que podrías tener trabajo.
—Dijo que vendría.
—Los adultos dicen muchas cosas.
—Entonces tendrá que acostumbrarse a verla cumplirlas.
Mateo abrió su mochila y le entregó un dibujo. Había 2 figuras tomadas de la mano frente a una casa. Sobre la mujer había escrito “Mamá Renata”.
Era la primera vez que la llamaba así.
Renata se arrodilló y lo abrazó sin ocultar las lágrimas.
—¿Podemos ponerlo en la sala? —preguntó él.