Durante 4 años, lloró frente a una urna creyendo que contenía las cenizas de su hijo, hasta que descubrió que su esposo había ordenado en secreto la cirugía: “Elegí salvarte”, mintió… pero su amante embarazada reveló dónde vivía el hijo que habían declarado muerto.

Tuvo que responder por su participación en la falsificación de algunos comunicados corporativos, pero el tribunal consideró su cooperación. Recibió una sanción económica, servicio comunitario y la obligación de colaborar con las víctimas.

El juicio de Adrián comenzó 9 meses después en la Ciudad de México.

Las cámaras rodearon el edificio. Durante años él había aparecido en foros empresariales hablando de ética, innovación y responsabilidad social. Llegó al tribunal con un traje oscuro, sonriendo como si todavía pudiera controlar la historia.

Su defensa presentó a Renata como una mujer resentida, emocionalmente inestable y obsesionada con destruir la reputación de su esposo.

—La señora Salgado atravesó 2 pérdidas gestacionales —argumentó uno de sus abogados—. Su interpretación de los hechos está contaminada por el trauma.

Elisa se levantó.

—Precisamente por ese trauma creyó durante 4 años que su hijo estaba muerto. Un trauma creado deliberadamente por el acusado.

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