En Casa Horizonte le habían dicho que su madre era una actriz famosa que viajaba por el mundo. Después le dijeron que estaba enferma. Finalmente, Adrián ordenó que le contaran que ella había preferido su carrera.
Cada versión dejó una herida distinta.
La primera noche en el departamento, Mateo colocó una silla detrás de la puerta de su habitación.
—¿Por qué haces eso? —preguntó Renata.
—Para escuchar si vienen por mí.
—Nadie va a llevarte.
—Eso dicen todos antes de cambiarme de casa.
Renata sintió deseos de prometerle que jamás volvería a tener miedo, pero comprendió que las promesas no podían borrar 4 años de abandono fabricado.
—Puedes dejar la silla —respondió—. Mañana seguirá ahí, y yo también.
Durante semanas, Mateo durmió vestido y guardó pan en los bolsillos. No permitía que Renata cerrara la puerta del baño cuando él estaba cerca. Si ella tardaba más de 10 minutos en regresar, comenzaba a buscarla por todas las habitaciones.