Lo hizo porque necesitaba que ella tuviera un descendiente al que pudiera controlar. Sin embargo, cuando revisó a fondo el fideicomiso de la madre de Renata, descubrió que el nacimiento del niño activaría una auditoría y limitaría su poder sobre las acciones.
Entonces decidió ocultarlo.
Mateo había nacido sano. Una enfermera lo entregó a un intermediario mientras Renata permanecía medicada. El certificado de defunción fue elaborado con los datos de otro bebé que había fallecido esa misma noche.
La urna guardada durante 4 años no contenía cenizas humanas.
Renata pidió que la retiraran de su antigua casa. No quiso conservarla ni destruirla. La entregó como evidencia porque representaba la mentira con la que Adrián había controlado su dolor.
La convivencia con Mateo comenzó bajo supervisión del DIF. Aunque el niño había abrazado a Renata durante el rescate, no entendía por qué debía mudarse con una mujer a la que apenas conocía.