Adrián no había creado toda la red, pero la había utilizado y financiado para quedarse con el patrimonio de Renata.
La prueba genética confirmó que Mateo era hijo biológico de ella. También demostró que Adrián no era su padre.
Renata recibió el resultado en una sala privada de la Fiscalía. Durante años había creído que Mateo era fruto de su matrimonio. Elisa temió que la revelación la destruyera, pero Renata solo miró al niño, que armaba un rompecabezas cerca de la ventana.
—Nada cambia —dijo.
—Legalmente habrá preguntas —advirtió Elisa—. Necesitamos descubrir cómo fue concebido.
Los archivos de la clínica de fertilidad proporcionaron la respuesta. Antes del primer embarazo, Adrián había llevado a Renata a un tratamiento asegurando que ambos tenían dificultades para concebir. Sin informarle, autorizó el uso de material de un donante.