La recuperación fue lenta.
Había mañanas en las que el dolor de la pierna me impedía hacer los ejercicios que quería completar.
Otras veces despertaba sobresaltada, escuchando en sueños el ruido de los frenos.
También había momentos en los que extrañaba a Rodrigo.
Eso fue lo que más me confundió.
Extrañaba al hombre que me llevaba café durante los primeros meses de matrimonio.
Al que me abrazaba cuando tenía frío.
Al que alguna vez me prometió que enfrentaríamos juntos cualquier dificultad.
Pero cuando recordaba aquellas escenas, comprendía que estaba extrañando una versión de nuestra historia que llevaba mucho tiempo intentando recuperar.
La terapeuta que empecé a consultar me ayudó a comprender que sentir tristeza no significaba que tuviera que regresar.
Poco a poco retomé contacto con algunas amistades.
Marisol fue a visitarme.
Mi madre empezó a llamarme sin miedo a que Rodrigo se molestara.