—Tengo mucho miedo.
—Lo sé.
—Pero no quiero regresar.
Mi hermano me sostuvo la mano.
—Entonces vamos a encontrar la manera de que no tengas que hacerlo.
Al día siguiente, Rodrigo me envió una fotografía de nuestro departamento.
Sobre el sillón había una maleta abierta con parte de mi ropa.
El mensaje decía:
«Recoge tus cosas cuando te den de alta. Si quieres hacerte la víctima con tu hermano, vete a vivir con él».
Me quedé mirando aquella imagen.
El departamento lo habíamos comprado cuatro años antes.
En las escrituras aparecíamos los dos.
Yo había aportado una parte importante del enganche con los ahorros de mi trabajo.
Había elegido las cortinas, pintado las paredes y colocado las plantas junto al balcón.
Y ahora Rodrigo hablaba de echarme como si yo hubiera sido una visitante.
Patricia me explicó que no tenía que aceptar sus exigencias y que cualquier asunto sobre el inmueble debía resolverse por los medios legales correspondientes.