Aquella noche, Karen llegó a mi habitación acompañada de su pequeño hijo, que se quedó tranquilamente en la cocina con mi casera, doña Socorro.
—Hay algo que necesita ver —me susurró.
Me explicó que existía un archivo con los pagos originales y que podía solicitar formalmente su revisión a través de la dirección.
Además, me entregó un dato que me heló la sangre: el nombre de la agencia que había gestionado la compra figuraba también entre los proveedores que cobraban servicios inexplicables.
—¿Inmobiliaria Nuevo Hogar? —pregunté.
Karen asintió.
—¿Conoces a Claudia Salcedo?
—Ella vendió mi departamento.
Karen palideció.
—Entonces hay algo más que debes saber.
Se inclinó hacia mí y pronunció las palabras que terminaron por unir todas las piezas:
—Claudia Salcedo es la hermana de Rogelio. Y él fue quien autorizó personalmente los pagos de la compra de tu casa.