Silvia aceptó sin discutir. Se llevó la hoja y prometió entregar a Marisol una explicación escrita sobre quién la había redactado y por qué la firmó. No le pedí que arreglara mi vida. Le pedí que dejara de empeorarla.
Presenté los mensajes amenazantes, mi contrato de trabajo, las constancias escolares y la documentación del fideicomiso. Solicité medidas provisionales sobre la residencia y las convivencias de Mateo. No quería borrar a su padre: quería impedir que lo utilizara para presionarme.
Notifiqué al banco fiduciario que no había autorizado créditos sobre los derechos de Mateo. Nos confirmaron por escrito que ninguna garantía había sido aprobada. Aquello desbarataba el argumento económico de Adrián.
El lunes por la tarde apareció frente a la casa azul. Llegó con un abogado y con Valeria, que permaneció dentro de una camioneta nueva. Silvia, que había decidido quedarse unos días en el pueblo, estaba tomando café con Julián.