—Vengo a llevarme a mi hijo —anunció Adrián sin saludar.
—Mateo está en casa de doña Amparo haciendo una tarea con Inés —respondí—. No voy a exponerlo a una discusión. Si quieres verlo, podemos acordarlo por los conductos correspondientes.
—¿Ya hasta me vas a poner horarios?
—Cuando amenazas con quitarme a nuestro hijo, sí.
Su abogado intentó hablar en un tono conciliador. Me mostró una propuesta de convenio que establecía que Mateo viviría con Adrián y que yo podría visitarlo los fines de semana. No aparecía una sola razón relacionada con las necesidades del niño. En cambio, había un apartado vago sobre representación patrimonial.
—¿Por qué está esto aquí? —pregunté, señalándolo—. La custodia y el fideicomiso son asuntos distintos.
Adrián intentó arrebatarme las hojas.
—No tienes idea de negocios, Natalia.
—Entiendo lo suficiente para saber que querías respaldar un crédito de 2,400,000 pesos con lo que Héctor reservó para Mateo.