Julián sonrió amargamente.
—Fui maestro de Física durante 32 años. También tengo colmenas. Nunca fui el hombre que ella describió.
Aquella noche Mateo cenó quesadillas mientras Julián le enseñaba fotografías de sus abejas.
Yo apenas podía probar la comida.
Antes de dormir llamé a Marisol, la abogada que había contratado para mi divorcio.
Le conté dónde estábamos, las amenazas y el mensaje de Silvia.
—No te escondas de las autoridades, Natalia —me aconsejó—. Mañana presentaremos un escrito en el expediente familiar informando tu domicilio provisional y solicitaremos medidas para proteger a Mateo. También vamos a investigar ese fideicomiso.
Al día siguiente empezamos a reunir documentos.
Conservaba las capturas de las amenazas de Adrián, los movimientos de mi cuenta personal y el contrato de arrendamiento del departamento que me dejó mi abuela.
Marisol me pidió guardarlo todo.