Adrián vendió su camioneta y otro inmueble para afrontar las deudas. Siguió trabajando, con controles financieros. Reconstruyó lentamente su relación con Julián, hablando primero de abejas y luego del pasado.
Silvia respetó las condiciones para visitar a Mateo y terminó acercándose de nuevo a Julián. No borraron el pasado, pero dejaron de esconderlo.
Yo conseguí una plaza permanente en la escuela. Inés participó en la función de fin de curso, con el cabello recogido y una voz que hizo llorar de emoción a Felipe. Mateo estaba en primera fila, aplaudiendo como si aquella niña fuera su hermana.
Felipe y yo nos hicimos amigos antes de atrevernos a reconocer algo más. Nunca me pidió que olvidara mi matrimonio ni que apurara mis sentimientos. Unos meses después comenzamos una relación. Al año siguiente hablamos seriamente de compartir una casa, con espacio para ambos niños y sin borrar los recuerdos de la madre de Inés.