Después de cinco años de matrimonio, mi esposo me dejó en la calle por su secretaria: “Ya no sirves para mi nueva vida”. No supliqué; guardé las pruebas y caminé bajo la tormenta hasta desplomarme junto a un auto de lujo. El presidente de una gran empresa bajó corriendo, me miró y se quedó helado al descubrir el pequeño objeto que llevaba desde hacía quince años…

—¡Esa mujer robó los planos de mi empresa! ¡Yo la mantuve cinco años y ahora quiere quitarme hasta mi trabajo!

Elisa agitó una carpeta.

—¡Tenemos los mismos archivos! ¡Es una impostora!

Se hizo un silencio espeso. Recordé el mole derramado sobre la alfombra, la oferta de cincuenta mil pesos y aquella frase: «Más no vales».

Esta vez no bajé la cabeza.

—Daniel, ¿puedes explicar por qué tus archivos contienen las revisiones que hice el martes pasado, cuando tu empresa ya no participaba en este concurso?

No respondió.

En la pantalla aparecieron las fechas de creación de mis diseños, los respaldos de años anteriores y un informe técnico sobre la copia no autorizada. La abogada de Horizonte informó que las evidencias ya habían sido entregadas a las instancias correspondientes y que la empresa defendería legalmente su propiedad intelectual y su información confidencial.

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