La noticia llegó a oídos de Elisa. Daniel estaba perdiendo contratos y dos socios le exigían explicaciones sobre gastos no comprobados. Ellos pensaron que podían salvarse robando mi proyecto, presentándolo como suyo y acusándome después de plagio.
Elisa convenció a un empleado externo de soporte informático para copiar archivos de una carpeta compartida a la que tenía acceso por mantenimiento. Pero los sistemas conservaron registros de acceso y transferencia. Cuando el área de seguridad detectó la descarga irregular, suspendió las credenciales, preservó las evidencias y notificó a la asesoría jurídica. Yo aporté mis bocetos en papel, correos antiguos y los expedientes con los que había documentado y registrado mis obras ante INDAUTOR.
No quisimos armar un escándalo sin pruebas. Presentamos las denuncias y dejamos que las autoridades determinaran las responsabilidades.
Daniel, ignorante de esa investigación, organizó una conferencia de prensa. Llegó a la presentación pública de Horizonte con Elisa y varios reporteros invitados por ellos. Apenas comencé a explicar el proyecto, él interrumpió desde la puerta: