Esto sucede porque contienen ciertos carbohidratos fermentables y fibra que las bacterias intestinales descomponen durante la digestión.
Si actualmente comes pocas legumbres, comienza con una porción pequeña y aumenta gradualmente según tu tolerancia. Por ejemplo, puedes empezar con aproximadamente media taza de legumbres cocidas y ajustar la cantidad con el tiempo.
No necesitas comer grandes cantidades en una sola comida para beneficiarte de sus nutrientes. La regularidad y la tolerancia individual son más importantes.
3. Remoja los frijoles y los garbanzos antes de cocinarlos
El remojo es una técnica útil para preparar muchas legumbres secas. Ayuda a reducir el tiempo de cocción y puede disminuir parte de los compuestos que contribuyen a las molestias digestivas.
Para hacerlo correctamente:
Revisa las legumbres y retira las piedras o los restos que puedan estar presentes.
Enjuágalas con agua potable.
Colócalas en un recipiente amplio y cúbrelas con suficiente agua.
Déjalas en remojo durante varias horas, preferiblemente dentro del refrigerador si el remojo será prolongado.
Desecha el agua del remojo, enjuágalas y cocínalas con agua limpia.
El tiempo de remojo depende de la variedad y del tamaño. Los garbanzos y muchos frijoles secos suelen beneficiarse de un remojo de varias horas, mientras que las lentejas generalmente pueden cocinarse sin este paso.