Moverse con regularidad, levantarse despacio, revisar la vista, utilizar calzado seguro, eliminar obstáculos y comprobar los posibles efectos de los medicamentos son medidas que pueden marcar una diferencia.
Si tú o un familiar mayor han comenzado a perder el equilibrio, no lo atribuyas automáticamente a la edad. Una evaluación adecuada puede identificar la causa y ayudar a elegir las medidas más seguras para conservar la movilidad, la confianza y la independencia.
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