VOLVÍ CON MI ESPOSO A PASAR AÑO NUEVO CON SU PADRE Y
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Posted on 3 September, 2026 by diego
VOLVÍ CON MI ESPOSO A PASAR AÑO NUEVO CON SU PADRE Y, DELANTE DE TODOS, MI CUÑADA DIJO QUE YO DORMIRÍA EN EL CUARTO DE LAVADO “PORQUE NO ERA PRIORIDAD”… PERO A LAS DOS DE LA MAÑANA MI ESPOSO ME DESPERTÓ Y SUSURRÓ: “PONTE LOS ZAPATOS. MI PAPÁ ACABA DE HACER ALGO QUE NO PIENSO PERDONAR”.
Me llamo **Marisol**, tengo treinta y nueve años y llevo ocho casada con **Héctor**. Vivimos en **Monterrey**, pero este fin de año viajamos a **Saltillo** para pasarlo con su familia.
Nuestra hija, **Regina**, se quedó con mi mamá.
La última vez había terminado enferma después de dormir en una habitación helada, así que esta vez preferí evitarle el viaje.
Llegamos cargados con regalos, una canasta para mi suegro y comida que yo misma había preparado. Desde que mi suegra murió, cuatro años atrás, mi cuñada **Claudia** prácticamente se adueñó de la organización de aquella casa.
Por eso no me sorprendió verla dando órdenes.
Lo que sí me sorprendió fue escucharla después de cenar.
—Héctor puede dormir con papá. Tú acomódate en el cuarto de lavado.
Pensé que bromeaba.
Había tres habitaciones.
Claudia y su marido ocupaban una. Sus dos hijos estaban en otra.
La tercera era la de mi suegro.
—Podemos dormir Héctor y yo en la sala —propuse.
Claudia negó con la cabeza.
—Papá se levanta temprano y no quiere gente estorbando.
Héctor iba a responder, pero su padre habló primero:
—Es una noche nada más. Marisol no es delicada.
Todos se quedaron callados.
Yo también.
No quería empezar el año peleando.
El cuarto de lavado estaba junto al patio, tenía una ventana que no cerraba bien y apenas cabía un colchón individual entre la lavadora y unas cajas.
Héctor entró conmigo.
—Nos vamos a un hotel.
—Déjalo —respondí—. Mañana regresamos.
Me miró durante varios segundos.
—Siempre dices eso.
No entendí a qué se refería.
Cerca de medianoche escuché risas desde el comedor. Después brindaron. Yo me quedé acostada con dos cobijas encima, intentando dormir.
No sé cuánto tiempo pasó.
Héctor me sacudió suavemente.
—Marisol.
Abrí los ojos.
Estaba completamente vestido.
—¿Qué hora es?