—¡Yo crié a Valeria! ¡Tengo derechos!
La jueza la interrumpió.
—Usted tiene responsabilidades. Y ahora deberá responder por haberlas ignorado.
Al salir, Amalia llamó a su hija.
Valeria se detuvo a varios metros de distancia.
—Soy tu madre —dijo Amalia.
Durante años, esas palabras habían funcionado como una orden, una deuda y una amenaza.
Esta vez no.
—Sí —respondió Valeria—. Y yo soy la madre de Emilia.
Luego se alejó.
Fernanda cooperó con la investigación. Entregó mensajes donde Amalia hablaba de “hacer parecer incapaz” a Valeria, fotografías de documentos robados y una grabación en la que prometía repartir los recursos del fideicomiso.
También reveló que la fotografía de Gabriel había sido utilizada para chantajear a Valeria. Amalia planeaba destruirla si los pagos no se restablecían.
A cambio de su colaboración, Fernanda evitó algunos cargos más graves, pero tuvo que aceptar terapia, cursos de crianza y una prohibición de contacto. Su automóvil fue recuperado por la financiera cuando dejó de recibir el dinero de Valeria.