Valeria envió el documento a Jimena.
La abogada respondió 8 minutos después.
“No hables con ellas. Esto puede ser fraude de identidad”.
Una revisión posterior reveló 2 solicitudes adicionales: un crédito para remodelar la casa de Amalia y un convenio de adeudo de servicios. Ambos contenían firmas que Valeria jamás había realizado.
Cuando el organismo financiero inició una investigación, Amalia llamó desde un número desconocido.
Jimena escuchó la conversación en otra línea.
—Tienes que decir que firmaste —ordenó Amalia.
—No lo hice.
—Hice lo necesario para la familia.
—Usaste mis datos.
—Tú habrías aceptado tarde o temprano.
La frase dejó a Valeria en silencio.
Durante toda su vida, Amalia había considerado que el consentimiento de su hija era un trámite innecesario.
—Llamaste a la policía para asustar a Emilia.
—Necesitaba disciplina.
—Ahora tú necesitas consecuencias.
Amalia respiró con dificultad.