Valeria lloró sobre el papel.
Esa misma noche, Amalia y Fernanda llegaron al departamento y golpearon la puerta. Emilia estaba en la bañera cuando escuchó los gritos.
—¡No puedes arruinarnos y esconderte! —vociferó Fernanda.
—¡Abre, Valeria! —exigió Amalia—. Tu hija necesita una familia de verdad.
Valeria llamó a seguridad y a la policía. Después envolvió a Emilia en una toalla y la llevó al dormitorio.
—¿Los policías vienen por mí?
—No, amor. Esta vez vienen para protegerte.
Los agentes revisaron la orden provisional, observaron las grabaciones y obligaron a ambas mujeres a marcharse. Antes de entrar al elevador, Amalia miró a la cámara y sonrió.
Al día siguiente, un actuario entregó a Valeria una demanda de urgencia.
Amalia y Fernanda solicitaban convivencia forzosa y evaluación psicológica de Valeria. Afirmaban que estaba aislando a Emilia, que sus viajes laborales la convertían en una madre ausente y que manejaba de forma irresponsable bienes ocultos pertenecientes a la niña.