Una directora quedó atrapada entre el humo mientras 200 empleados huyeron sin mirarla; solo un técnico viudo regresó por ella, pero el video del rescate reveló quién había provocado la explosión.

Mateo aceptó dirigir el nuevo departamento de bienestar laboral, pero puso 3 condiciones: ningún programa llevaría su nombre, los recursos serían auditados por empleados de distintos niveles y Karla participaría en el comité de seguridad.

Los primeros meses fueron brutales. Algunos ejecutivos lo llamaban “el cargador” a sus espaldas. Un vicepresidente dejaba de hablar cuando Mateo entraba a las juntas. Otros esperaban verlo fracasar frente a presupuestos y reportes.

Mateo no respondió con discursos. Recorrió las oficinas de madrugada, habló con personal de limpieza, guardias, recepcionistas, cocineras e ingenieros jóvenes. Descubrió que 37 trabajadores dormían menos de 4 horas por trayectos interminables, que varias madres escondían a sus hijos enfermos para no perder bonos y que los contratistas no tenían acceso al seguro médico de emergencia.

Propuso transporte nocturno, permisos familiares, atención psicológica y un fondo transparente para crisis. Para financiarlo, canceló 2 retiros ejecutivos y redujo gastos de representación.

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