En la maleta de Adela encontraron 780,000 pesos en efectivo, formularios notariales en blanco y una memoria cifrada. Rebeca comenzó a gritar que todo era una confusión, hasta que vio a Héctor al otro lado de la zona acordonada.
—Entraste al departamento de mi madre —lo acusó.
—Está dentro de mi propiedad.
—No tenías derecho a revisar sus cosas.
—Ustedes dejaron solo a Tomás durante 3 noches.
—No puedo hacerme responsable de él cada minuto de mi vida.
La frase quedó suspendida frente a policías, turistas y teléfonos que grababan.
Adela tomó a su hija del brazo.
—No digas nada más.
Héctor avanzó un paso.
—¿Robaste el relicario de Mariela?
Rebeca lo miró con una mezcla de desprecio y miedo.
—Siempre te importó más una muerta que tu propia esposa.
—Lo tomaste de la caja azul.
—Ella ya no lo necesitaba.
Rebeca se llevó una mano a la boca, pero era demasiado tarde.