Una medida práctica consiste en mantener una hora de despertar relativamente estable, incluso después de una noche complicada. También conviene ajustar gradualmente la hora de acostarse y evitar pasar demasiado tiempo en la cama intentando forzar el sueño.
3. La cafeína, el alcohol y las cenas pesadas
Lo que consumimos durante la tarde y la noche también puede influir en el descanso.
La cafeína presente en el café, el té, algunas bebidas energéticas y ciertos refrescos puede permanecer activa durante varias horas. En personas sensibles, consumirla por la tarde puede dificultar el sueño o favorecer los despertares nocturnos.
El alcohol puede provocar somnolencia al principio, pero también fragmentar el descanso durante la segunda mitad de la noche. Por eso, quedarse dormido rápidamente después de beber no garantiza dormir bien.
Las cenas muy abundantes, los alimentos que desencadenan reflujo y beber grandes cantidades de líquido justo antes de acostarse también pueden contribuir a las interrupciones del sueño.