Su esposo le arrojó café hirviendo por negarse a pagar las deudas de su cuñada, pero cuando ella volvió con la policía, descubrió que toda la familia llevaba meses planeando robarle su dinero y su hogar.

El juez ordenó que la retiraran.

Antes de salir, Ofelia miró a Valeria.

—Nos quitaste a mi hijo.

Valeria respondió con calma.

—Yo no lo obligué a ser ladrón.

Rebeca fue declarada culpable de suplantación de identidad y fraude. Su colaboración redujo la condena, pero tuvo que devolver el dinero, entregar los artículos comprados y asumir las penalizaciones pendientes.

Entre los bienes recuperados había bolsas, joyas, teléfonos, computadoras y ropa que aún conservaba las etiquetas.

Un funcionario preguntó a Valeria si deseaba recibirlos como compensación.

—No.

—Podrían descontarse del monto pendiente.

—Véndanlos y regresen el dinero. No quiero usar nada comprado con mi miedo.

Ofelia no recibió la misma condena porque no existían pruebas suficientes de que hubiera ejecutado directamente las operaciones. Sin embargo, quedó demostrado que mintió ante el juzgado y que conocía el plan.

Fuera de los tribunales intentó presentarse como víctima. Publicó mensajes afirmando que Valeria había destruido a una familia humilde por ambición.

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