En determinadas circunstancias, la ansiedad también puede aumentar la atención que prestamos a las sensaciones corporales y hacer que una molestia resulte más difícil de tolerar.
Esto no significa que el dolor sea imaginario. La experiencia del dolor es real y puede verse influida por factores físicos, emocionales y ambientales.
Si notas que la tensión aumenta cuando estás preocupado, algunas técnicas de respiración lenta, las pausas durante el trabajo y una rutina de sueño regular pueden ayudarte a manejar el estrés.
Cuando la ansiedad afecta de manera importante tu vida diaria, buscar apoyo profesional también puede ser una buena decisión.
4. Dificultad para descansar y desconectarse
El descanso desempeña un papel importante en la recuperación física. Dormir mal puede aumentar la percepción del dolor y dificultar que los músculos se recuperen después de una jornada exigente.