“Pase lo que pase, no vayas antes de las 7”, me rogó mi vecino cuando mi marido llamó diciendo que su madre había sufrido un derrame cerebral. Pasé la noche despierta y llegué al amanecer. Allí descubrí que mi esposo tenía una amante y que ambos querían obligarme a firmar una deuda de 40 millones. No grité; guardé silencio hasta que apareció un hombre que sabía quién era yo realmente.

Las piernas comenzaron a temblarme.

Mi padre había muerto repentinamente 3 años atrás.

Los médicos habían atribuido su fallecimiento a una complicación cardiovascular.

Yo había aceptado aquella explicación.

Nunca imaginé que pudiera existir algo más.

—¿Estás diciendo que Alejandro tuvo algo que ver?

Gabriel bajó la voz.

—No puedo afirmarlo todavía. Pero hay un testigo y nueva documentación. La Fiscalía ya está investigando.

En ese instante escuchamos pasos detrás de nosotros.

Era Alejandro.

Había escuchado parte de la conversación.

Su rostro estaba completamente pálido.

—Mariana, puedo explicarlo.

Lo miré.

—¿Qué tienes que explicarme?

No respondió.

—¿Por qué estabas en Guadalajara cuando murió mi padre?

Alejandro abrió la boca y volvió a cerrarla.

—Fue por negocios.

—Me dijiste que no habías salido de Monterrey.

Su silencio fue más revelador que cualquier respuesta.

Entonces Gabriel pronunció una frase que nunca olvidaré.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *