Hasta que Gabriel encontró un recibo en su mochila.
—¿Qué significa esto?
La niña palideció.
—Papá, puedo explicarlo.
—¿Ricardo está pagando tus clases?
—Sí, pero no pidió nada a cambio.
Gabriel sintió que la traición de hacía 12 años volvía a repetirse.
—¡Te advertí que no confiaras en él!
—¡Solo quería aprender a pintar!
—¿Y por eso me mentiste?
—¡Porque sabía que ibas a prohibírmelo!
En medio de la discusión, Gabriel pronunció las palabras que después lamentaría durante mucho tiempo.
—Si tanto admiras a tu tío, quizá prefieras irte a vivir con él.
Sofía se quedó inmóvil.
—¿Eso quieres, papá?
Gabriel estaba demasiado furioso para contestar.
La adolescente tomó su mochila y se encerró en su cuarto.
Horas después, cuando Gabriel fue a buscarla, encontró la cama vacía.
Sobre la mesa había una nota: