Había pedido los estados de cuenta cuando detecté que faltaban reportes. El banco tardó en contestar porque mi padre impugnó mi solicitud de información. Ahora tenía los documentos completos: la instrucción con mi firma imitada y el comprobante de la salida del dinero hacia una cuenta utilizada para comprar la vivienda de Paula.
Guardé el correo y llamé al banco para pedir que bloquearan nuevas disposiciones mientras investigaban la firma. No podían regresar el dinero por teléfono; sí registraron la controversia y me dieron un folio. Luego pedí a una abogada, Ana Ledesma, que me acompañara a presentar una denuncia.
La carpeta por la agresión ya se estaba integrando en la Fiscalía de Jalisco. Entregué mi declaración, los datos del salón y el informe médico. Gabriel aceptó contar que mi padre le cerró el paso a una mesera cuando quiso ayudarme. La mesera confirmó la discusión y el golpe. Nadie necesitó encontrar una cámara secreta para explicar por qué terminé en el agua.