Mi propia madre me golpeó en el vientre porque me negué a darle $240,000 pesos, y caí a la alberca con ocho meses de embarazo. Mientras me hundía, mi padre gritó: “Déjenla ahí”. No dije nada cuando desperté en el hospital, pero al revisar un correo del banco descubrí algo que cambiaría para siempre el destino de toda mi familia…

Había pedido los estados de cuenta cuando detecté que faltaban reportes. El banco tardó en contestar porque mi padre impugnó mi solicitud de información. Ahora tenía los documentos completos: la instrucción con mi firma imitada y el comprobante de la salida del dinero hacia una cuenta utilizada para comprar la vivienda de Paula.

Guardé el correo y llamé al banco para pedir que bloquearan nuevas disposiciones mientras investigaban la firma. No podían regresar el dinero por teléfono; sí registraron la controversia y me dieron un folio. Luego pedí a una abogada, Ana Ledesma, que me acompañara a presentar una denuncia.

La carpeta por la agresión ya se estaba integrando en la Fiscalía de Jalisco. Entregué mi declaración, los datos del salón y el informe médico. Gabriel aceptó contar que mi padre le cerró el paso a una mesera cuando quiso ayudarme. La mesera confirmó la discusión y el golpe. Nadie necesitó encontrar una cámara secreta para explicar por qué terminé en el agua.

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