Me levanté.
—A partir de hoy no habrá más transferencias. No pagaré la hipoteca, la camioneta ni sus gastos. Tampoco financiaré la cena.
Fernanda apretó los labios.
—Entonces tendremos que cancelar compromisos muy importantes.
—Eso lo decidirán ustedes.
—¿Y qué vamos a decirles a nuestros invitados?
—La verdad, si quieren comenzar de nuevo.
Ricardo me miró como si esperara que finalmente cediera.
Conocía aquella expresión.
Durante años había sido suficiente para que yo sacara la cartera.
Esta vez no lo hice.
Antes de marcharse, mi hijo se acercó.
—Mamá, ¿de verdad vas a dejarnos solos?
Le acaricié suavemente el brazo.
—No los estoy dejando solos, Ricardo. Estoy dejando de resolverles la vida a dos adultos que necesitan hacerse responsables de sus decisiones.
Fernanda salió sin despedirse.
Mi hijo permaneció unos segundos más, mirando la fotografía de su padre.
Después también se fue.