—Sí, Daniel. Lo sabemos. Y te pedimos disculpas por lo que has tenido que pasar.
El gerente intentó intervenir.
—Yo nunca quise que esto llegara tan lejos…
Por primera vez, Daniel lo miró directamente a los ojos.
—Usted dijo que yo era un ladrón. Yo le dije la verdad, pero usted no me escuchó.
Nadie habló durante unos segundos.
Después, mi hijo añadió algo que hizo que la responsable regional bajara la mirada:
—Yo siempre he intentado hacer bien mi trabajo. Cuando alguien se equivoca, hay que preguntarle qué pasó. No hay que hacerle llorar.
Yo no pude contener las lágrimas.
La empresa confirmó que el gerente sería apartado de su puesto mientras se tramitaban las medidas disciplinarias y legales correspondientes. También se comprometió a corregir el expediente de Daniel y a ofrecerle una disculpa formal.
Pero lo que ocurrió después fue algo que jamás habría imaginado.