La responsable regional se levantó, rodeó la mesa y se acercó a mi hijo.
—Daniel, hemos revisado tus evaluaciones de los últimos doce años. Tus compañeros y muchos clientes han hablado de ti. Todos coinciden en que eres una persona trabajadora, respetuosa y siempre dispuesta a ayudar.
Abrió una segunda carpeta.
—La empresa está reorganizando varias tiendas y queremos ofrecerte un puesto de mayor responsabilidad: serás el encargado de apoyar la formación de los nuevos empleados de la sección de frutas y verduras. Tendrás un salario mejor, formación remunerada y un contrato con las mismas garantías que los demás trabajadores.
Me llevé una mano a la boca.
Daniel parpadeó varias veces.
—¿Yo? ¿De verdad?
—Sí, tú —respondió ella—. Si quieres aceptar, nos encantará contar contigo.
Mi hijo me miró, buscando en mis ojos la confirmación de que aquello estaba ocurriendo de verdad.