Mi esposo me llamó cruel cuando supo que había interrumpido mi embarazo, aunque él mismo me abandonó para correr detrás de su amante. “Era mi hijo, ¿cómo pudiste?”, me reclamó. Yo sólo le entregué los papeles del divorcio y le pedí diez días. Él creyó que me marcharía sin nada,

—Lucía, jamás confundas el amor con el miedo a quedarte sola. Porque es mejor reconstruir tu vida desde cero que pasarla entera suplicando un lugar en el corazón de alguien que nunca supo cuidarte.

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