—¿Quiere que llamemos a su esposo?
Miré el celular.
Ninguna llamada perdida.
—No —respondí—. Él ya eligió dónde quiere estar.
Dos días después recibí la visita de Arturo Medina, mi abogado de confianza.
Llevaba una carpeta gruesa.
—Valeria, hay cosas que necesitas saber.
Dentro encontré fotografías de Sebastián y Camila en San Miguel de Allende.
Habían organizado una ceremonia simbólica, con flores, invitados y un fotógrafo profesional.
Mi esposo aparecía arrodillado, entregándole un anillo.
Debajo de una de las fotografías había escrito:
El amor de mi vida. Contigo, para siempre.
Sentí que algo se rompía dentro de mí.
Durante años le había pedido que renováramos nuestros votos matrimoniales.
Siempre respondía que no había dinero ni tiempo.
Para ella sí había tenido ambas cosas.
—Hay algo más —dijo Arturo.
Me entregó un informe.