Una tarde lluviosa, estaba más débil de lo habitual.
“Lo siento”.
“No te preocupes. He tenido una vida”.
Entonces sonrió.
“Solo que fue una vida tranquila”.
Le creí.
Una tarde lluviosa, estaba más débil de lo habitual.
Pasaron las semanas.
Una tarde lluviosa, estaba más débil de lo habitual.
Estaba leyendo cuando me interrumpió.
“¿Puedo contarte algo vergonzoso?”.
“Claro”.
“Es ridículo, ¿verdad? Setenta años y todavía pensando en un vestido blanco”.
“Siempre quise ser novia”.
Bajé el libro.
Ella soltó una risita.
“Es ridículo, ¿verdad? Setenta años y todavía pensando en un vestido blanco”.
“No es ridículo”.
“Ya no me refiero a lo del matrimonio. Me refiero al momento”.
“El vestido. El anillo. Alguien ahí de pie que te elija a ti”.
“¿Qué momento?”.