—Mi mamá cree que querer a alguien es decidirle la vida —respondió—. Ella quería que estudiara derecho y entrara a sus negocios. Yo quería enseñar deporte. Un día me dijo que sin su dinero no sería nadie. Me fui antes de demostrarle que tenía razón.
Jamás volvió a mencionarla. Dos años después, un autobús invadió el carril de la camioneta donde viajaba a un torneo escolar. Daniel murió en el hospital de Pachuca. Yo descubrí mi embarazo once días después del funeral.
A la mañana siguiente busqué la caja donde guardaba sus papeles. Encontré su acta de defunción, unas facturas de sus clases y una foto de los dos frente a la cancha. Cuando registré a Nico, no pude presentar un reconocimiento de paternidad firmado por Daniel. Mi hijo quedó con mis apellidos. Nadie había intentado quitarme nada, pero aquella ausencia en su acta me dolía cada vez que la veía.