—Tampoco significa que puedas hipotecar mis propiedades sin avisarme.
La mandíbula de Adrián se tensó.
—Nadie quiere hipotecarlas.
Elena señaló un párrafo.
—Aquí dice que puedes garantizar obligaciones con bienes inmuebles.
Él retiró el documento.
—Es una cláusula estándar.
—Entonces bórrala.
Beatriz se levantó.
—Esto es humillante. Adrián trabajó meses en un proyecto que podía triplicar el valor de ese edificio viejo.
Elena fingió sorpresa.
—¿Qué proyecto?
Adrián la miró con furia contenida.
—Pensaba enseñártelo esta noche.
—Enséñamelo ahora.
Durante varios segundos nadie habló.
Finalmente, Adrián sacó una carpeta negra de su maleta. En la portada aparecía una representación digital del antiguo café del padre de Elena convertido en un complejo de cristal con restaurante, tiendas y terraza privada.
Elena sintió un golpe en el pecho.
Las imágenes interiores habían sido tomadas sin su permiso.