Desde el interior, Natalia golpeó el vidrio y le señaló una fila de clientes esperando.
Marisol levantó una cafetera vacía.
Elena sonrió y regresó detrás del mostrador.
Había trabajo.
Había ruido.
Había personas que la esperaban sin exigirle que entregara nada para merecer su cariño.
Y por primera vez desde aquella boda, la vida que la rodeaba le pertenecía completamente.
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