—Inversionistas.
—¿Quiénes?
—No estás preparada para discutir esto.
—¿Y sí estoy preparada para firmar?
Beatriz abrió su bolso y sacó otro documento.
—Aquí está el acuerdo. Fírmalo y se acabó.
Elena reconoció el formato: era la aportación del inmueble a la sociedad.
—Esto transfiere la propiedad.
—La aporta —corrigió Adrián.
—Sin pago directo.
—Recibes acciones.
—De una empresa controlada por ustedes.
Él se acercó.
—Firma.
La palabra ya no sonó como una petición.
—No.
—Elena.
—Quiero saber quién es el prestamista.
—No importa.
—Importa si pertenece a la misma persona que controla la sociedad.
El silencio reveló la respuesta.
Elena continuó.
—Si ustedes controlan a quien presta, a quien pide prestado y a los contratistas, pueden vaciar la empresa, provocar el incumplimiento y quedarse con el edificio.
Beatriz palideció.
Adrián la observó como si la viera por primera vez.
—¿Quién te dijo eso?