Gabriel se agachó.
—¿Eso quieres llamarme?
Mateo rodeó su cuello.
—Tú eres mi papá.
Esa noche, Gabriel llegó al porche con un anillo.
—Amo a Mateo y te amo a ti. No quiero que borres el camino que recorriste ni que finjas que nada ocurrió.
Abrió la caja.
—Solo quiero saber si me permites recorrer contigo lo que sigue.
Se casaron bajo el fresno detrás de la fonda. Hubo 27 invitados, pastel de limón y 1 fotógrafa elegida por Elena. Ningún teléfono permaneció levantado durante la ceremonia.
2 años después, Teresa inscribió la fonda en un concurso regional de pequeños negocios. Escribió que Elena había llegado sin equipaje y había transformado el lugar en un refugio laboral para mujeres que intentaban comenzar de nuevo.
Ganaron.
Un periódico publicó una fotografía de Teresa, Elena, Gabriel y Mateo, que acababa de cumplir 5 años.