Historia: Nunca mendigues amor… Aprende del cuervo.

Desde ese día, dejó de lanzarse al viento con fuerza. Volaba bajo, lento, imitando los movimientos suaves de la paloma. Limpiaba sus plumas una y otra vez, buscando un brillo que su negro plumaje no podía reflejar. Intentaba cantar como ella, pero su voz grave se quebraba. Se esforzaba por sonreír con los ojos, pero dentro de sí se sentía vacío.

Y lo más doloroso fue darse cuenta de que, a pesar de todos esos esfuerzos, nadie lo notó. Nadie lo celebró. Nadie lo vio.
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El encuentro inesperado

Un día, agotado y confundido, bajó al claro del bosque. Allí estaba la paloma, bebiendo agua del arroyo. El cuervo se acercó, tembloroso.

—¿Puedo hablar contigo? —preguntó con voz baja.
—Claro —respondió ella con ternura.
—He intentado ser como tú —dijo—. Volar como tú, cantar como tú… He puesto todo de mí, pero me sigo sintiendo vacío. Nadie me ve, nadie me valora. Tal vez no tengo valor.

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