Siempre encontraba una justificación para ayudarlos.
Hasta esa tarde.
Mi teléfono vibró.
Era un mensaje de Renata, evidentemente enviado por equivocación.
“Diego, dile a tu mamá que deje la tarjeta. Necesito una faja de recuperación y otros productos. Y no olvides que el jueves tenemos que cerrar lo del departamento. Después de eso podremos resolver lo del crédito”.
Lo leí tres veces.
¿El crédito?
¿De qué estaba hablando?
Una semana antes, Diego me había convencido de hacerle una donación del departamento.
—Así tendremos algo verdaderamente nuestro, mamá. Además, sería hermoso que tu nieto creciera en la casa de sus bisabuelos.
Yo había aceptado.
La cita con el notario estaba programada para el jueves siguiente.
Entonces Diego me llamó.
—Mamá, ¿ya vas rumbo a casa? Oye, Renata necesita unas cositas. ¿Puedes dejarme tu tarjeta?
—¿Para qué crédito quieren usar el departamento?