Brenda respondió con una publicación de varias páginas. Decía que había sacrificado su empleo para cuidar a un anciano que ya no reconocía la realidad, y que su cuñada militar había vuelto para quedarse con una vivienda que no merecía. Adjuntó una fotografía de Ernesto comiendo sopa y aquella autorización de octubre.
Dos familiares me dejaron de hablar. Quise enseñarles el expediente, pero Ernesto me detuvo.
—No necesito que me crean por lástima. Necesito que me escuchen cuando hablo.
Una vecina avisó que Brenda seguía recibiendo huéspedes y sacaba herramientas. Informamos a la autoridad sin entrar por nuestra cuenta. Considerando la exposición al frío, el encierro y el riesgo de repetición, el Ministerio Público ordenó separar a Iván y Brenda del domicilio como medida de protección. El juez de control la ratificó. Era provisional, no una condena.