—No, hija. Solo quiero que quien llegue sepa que puede tocar.
Miré la cochera abierta, la puerta sin pasador y la casa que finalmente volvía a pertenecerle también por dentro.
Todavía no sé si Iván recuperará algún día la confianza de su abuelo. Lo que sí sé es que no basta con permanecer al lado de alguien para cuidarlo. A veces la traición más cruel ocurre precisamente cuando todos los demás creen que estás haciendo lo correcto.
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