“Fuera del vehículo”, dijo Vance.
—¿Hay algún problema con mi velocidad? —preguntó Victoria.
Vance dio un paso atrás, indicándole con un gesto que abriera la puerta. No dio su nombre ni su número de placa.
Victoria giró la llave de contacto, silenciando el motor. El silencio del camino rural inundó la cabina, interrumpido solo por el zumbido lejano de un camión en la carretera estatal. En el asiento del pasajero había un bloc de notas amarillo nuevo, completamente en blanco. Abrió la puerta y salió al suelo de grava.
El joven oficial, Miller, estaba de pie cerca del parachoques trasero de su coche, con la mano cerca del cinturón.Tenía veintiséis años, el rostro pálido y la mirada fija en la arboleda cada pocos segundos. Se ajustaba repetidamente la gorra del uniforme, bajando la visera azul marino hasta la frente.